lunes, 29 de agosto de 2011

Ella, yo; nosotras.

Ella endulza el aire con coco al pasar. Sus piernas, pálidas en invierno y doradas en verano, se balancean con el movimiento de sus caderas. Provoca, aunque quien la conoce sabe que no quiere hacerlo. Es pura. Tanto que muchos la califican de estrecha. Pero no es ilusa, sino realista, y entiende que el mundo está hecho para dar golpes, que no hay que dejarse engatusar por chicos de sonrisas bonitas, que eso acaba muy mal. A sí que se mantiene al margen de los líos y de la vida más loca juvenil. Tímida, sí, pero valiente, fuerte. Tanto que afronta las cosas de cara y sin esconderse. Tanto que su corazón aguanta tormentas sin pararse. Tanto que solo llora cuando siente que si no explota, y que si por ella fuese lo haria en un rincón escondido del mundo. Es buena, santa, heroína de su vida y de la de los demás. Porque antes herirse a si misma que a quienes quiere. Es bonita, no, preciosa. Tanto que la luna se para a mirarla cuando pasa. ¿Y su sonrisa? Mágica. Porque siempre está ahí, aunque se declare peligro por torrentes y tornados en su interior. Y si está triste solo se lo ves en la mirada. En eses ojos que se le achinan al sonreir. La más bonita sin duda, la mejor de todas. 


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